martes, 10 de agosto de 2010

Domingos

Me gustan mucho los domingos, siempre encuentro nuevas aventuras en qué pensar. Siempre he de pensar que los domingos se paralizan en el tiempo. Domingo es como una pequeña barca sobre el mar muerto, congelada en una nada estacionaria. Todos los domingos, me acerco al calendario azul de la pared y quito los seis días anteriores a este, siempre los arranco pensando en qué hice cada uno de esos. Y qué dejé de hacer.
Si algún día compro un bote, lo llamaré Domingo, para parar el tiempo navegando por el mar. Los sábados por la noche miro mi reloj hasta que cambia a las 12:00, allí la aguja se detiene, como queriendo aguantar el inevitable peso del tiempo. Pero cuando llega el domingo el tiempo no pesa. El tiempo levita, gravita y deja a la aguja respirar. Dicen por ahí que para los amantes de las agujas, el domingo es un mal de muelas. Nunca fui amante de las agujas, de ningún tipo. Cuando era pequeña, sabía que era de día cuando el olor a tocino impregnaba el cuarto y me decía que era hora de levantarme a desayunar, sabía que cuando se salía del colegio ya estaba a la mitad del día, y cuando me cansaba de pensar, estaba segura que era tiempo de dormir. Dicen que mirar las agujas marea, siempre están allí girando tan rápido, son un peligro. Soy partidaria de eliminarlas y parar la semana completa en el tiempo, como los domingos. Se dan cuenta de cómo cambiaría todo? Imagínense! Las canciones para niños no estarían compuestas de: Lunes! Martes! Miércoles!, cantarían todos al Unísono Domingo, Domingo, Domingo, hoy es Domingo. Podría descansar todos los días sobre mi sillón frente a la pared a observar como mi calendario azul se las arregla para no pasar de día. Y aquí estoy sentada, riendo a carcajadas frente a mi calendario azul. Si supiera!