martes, 22 de marzo de 2011

Butaca A9

Jason Griffith solo conversaba en sueños, al dormir gozaba de su única vía de escape para desechar cualquier rastro, cualquier atisbo de verdad que pudiese acabar con su corrupto pasado, pero no fue hasta que una tarde, hace no más de una semana, se topó accidentalmente con un antiguo recorte de periódico en un viejo baúl que guardaba en el armario.

Sus pupilas se dilataron en cuestión de segundos, una ola de luces le envolvió la mente entre un mar de caras y aplausos. Ahí estaba ella en primera fila aplaudiendo mientras que una traviesa lágrima se deslizaba por su mejilla. Enseguida comprendió que la deseaba con locura.


La chica había acudido a las siete presentaciones del teatro Mirage y siempre se sentaba en la primera fila a la izquierda en la butaca A9. Las Vegas era un lugar relativamente pequeño, así que al acabar la función (la tercera) muy discretamente siguió con la mirada a la única mujer que le había llamado la atención en años. Palcos y platea estaban ya casi vacíos pero allí estaba ella esperando por la puerta de adelante a alguien, ¿pero a quién? Después de unos cinco o diez minutos aparece un hombre alto cincuentón, con un Armani impecable que le disimulaba el pesar de los años. Sabía muy bien quien era, sí. Debía ser la hija del dueño del teatro, no había otra explicación.


-Su nombre es Deborah .- Griffith dio un respingo de asalto y su observación ''disimulada'' acabó por delatarlo. Era su compañero John O'lean el trapecista. - Nos arregló una cuestión de los horarios, querían reemplazarnos por el Rey León, ¿puedes creerlo?.


Pero Griffith no escuchaba, había optado por escudriñar un poco más en la vida de aquella dama. Debborah, se llamaba. No lo olvidaría nunca.


La siguió tres manzanas arriba, frente al Casino Atlantis donde le vio entrar con el guardia de seguridad del lugar. Al parecer entraban por la puerta de atrás.

Jason Griffith entró al local, no tenía nada que hacer esa noche y no se sentía agotado. Al abrir la puerta el olor a tabaco y alcohol pesaba como un espíritu cargado en el ambiente. Los ceniceros estaban bañados en oro y la tapicería era de piel original. Buscó con la mirada a la mujer que tanto deseaba, necesitaba de ella un poco más. ¿Dónde estás?


Después de unas dos horas tras recorrer cada rostro en el club decidió marcharse, quizás solo había venido a buscar a alguien o algo. Mientras subía las escaleras para abandonar el lugar una música estridente rompió con su abatimiento. Jason se dio la vuelta y cuando la muchedumbre en su mayoría hombres acabó de silbar, unas bailarinas salieron al pequeño escenario que constaba de tres barrotes.


Griffith solo recordó aquel gesto inquisidor de su rostro y la rabia que circuló por su rostro aquella noche al contemplar a su idealización prostituyéndose con su dignidad. Incluso recordó la sensación placentera de la sangre ajena corriendo por sus dedos.


El hombre continuó leyendo el artículo ''No se ha dado aún con el culpable'' rasgó el trozo de papel y cerró el baúl riendo estridentemente, riendo de su victoria, riéndose hasta quebrar cualquier asomo de misericordia, riendo de su propia suerte, riéndose de la vida. Continuó riéndose hasta el final de su existencia.

1 comentario:

elbosquedepapel dijo...

Qué bueno! no me esperaba para nada el giro final. Muy bueno :)